domingo, 24 de julio de 2016

DOLOROSOS AÑOS EN TINIEBLAS

Soledad Morales Villena
soledad.morales19@hotmail.com

Sendero Luminoso (SL), le declaró la guerra al Perú a inicios de los 90’s, violando convenios internacionales sobre normas de una guerra interna e irregular por lo que no se le puede considerar a SL como fuerza beligerante, sino simplemente como bandas o grupos de delincuentes terroristas, saboteadores, ladrones, extorsionadores y violadores de mujeres, que no se enfrentaron abiertamente a las fuerzas del orden porque no tenían la capacidad militar, ni el respetaron a las personas o pueblos que no estaban de acuerdo con la violencia senderista. Los comunistas de acuerdo a las enseñanzas de Mark, Lenin, Mao Tsetung y el Pensamiento Gonzalo, quisieron destruir la sociedad peruana y sus fuerzas militares, para reemplazarla por otra que no tenga los “vicios o defectos de la actual sociedad”, con el fin de alcanzar este anhelo, no consideraron el costo de vidas humanas ni el costo de la infraestructura destruida.


Durante el tiempo de violencia, el miedo fue el sentimiento más generalizado. El inicial trabajo persuasivo y de adoctrinamiento de Sendero Luminoso (SL) en las comunidades de la sierra central del país se transformó rápidamente en una imposición por la fuerza de sus ideas y su organización. Asesinatos selectivos primero, ajusticiamientos de autoridades y dirigentes y, posteriormente, asesinatos colectivos, e incluso contra otras personas con cierta afiliación que serían acusadas de traición o infidencia, mostraron el rostro terrorista de SL. A través del miedo el SL busco someter a personas y poblaciones enteras, mantenerlas bajo su dominio, conseguir su consentimiento. Provocando el miedo, SL imponía el silencio para evitar las denuncias, así como para impedir que la gente se comunicara entre si las atrocidades que cometían o para obstaculizar cualquier organización que pudiera enfrentársele.
Muchos pobladores se sintieron obligados a actuar en contra de sus valores y su modo de pensar, lo cual provoco sentimientos de culpa y auto reproche. Para algunos, haber accedido a los requerimientos de los grupos subversivos solo obedecía al intenso miedo a las represalias. "Lo escuche al que lo había visto cuando estaban con ellos, venían acá y nos avisaban, te van a matar, así también si no lo haces caso para trabajar te va amatar a ti; tuve miedo y empecé a trabajar, trabajar”. (Testimonio de una mujer de Junín), Eso mostraba el miedo extremo que se expresó también en una actitud de alerta constante, de vigilancia permanente.
Aun ahora, varios años después del conflicto, podemos ver la presencia viva de esos sentimientos cuando al contacto de cualquier estimulo, una imagen, un sonido, retornan con fuerza lacerante y la persona revive el peligro. Esta presente de manera especialmente dolorosa en familias con seres queridos desaparecidos, injustamente detenidos o torturados y en general permanece incertidumbre y recelo frente al futuro.

La CVR hizo un buen trabajo a la hora de salir de la egocéntrica Lima y acercarse a las comunidades rurales, dice la abogada. “Por primera vez, sus voces eran escuchadas. El Estado estaba allí, reconociendo los errores, preguntando cómo les podían ayudar”, explica. Las víctimas se convirtieron en el centro del proceso de esclarecimiento de la verdad, compartiendo sus experiencias con los comisionados y ciudadanos que quisieran asistir a las audiencias públicas. La CVR se tomó este mensaje de igualdad muy en serio: eran los comisionados, no las víctimas, quienes se levantaban para mostrar respeto antes de que estas declararan, y todos se sentaban en torno a la misma mesa –nada de atriles ni de escenarios.
“Los afectados por la violencia política sienten el trabajo de la CVR y el informe final como algo suyo”. “Con las recomendaciones ya es más difícil, porque ellos pensaban que se iban a implementar, que se iba a trabajar por la igualdad, pero eso no se ha cumplido, y por eso sienten que se los está estafando”.
La mayoría de los ayacuchanos son indígenas y hablan quechua. Durante el conflicto, los hablantes de lenguas indígenas sufrieron las consecuencias de forma desproporcionada. De todos los fallecidos durante la violencia, el 75 por ciento tenía como lengua materna el quechua u otra lengua indígena. Esta conclusión saca a la luz otra causa fundamental –y más incómoda– del conflicto armado: el racismo.

El terrorismo en el Perú dio como resultado la masiva destrucción de la infraestructura productiva y pérdida de capital social y oportunidades económicas. Los departamentos que lo sufrieron con mayor intensidad se encuentran hoy en los últimos lugares en los índices de pobreza y desarrollo humano. No es casualidad que cuatro de los departamentos más afectados por el conflicto: -Huancavelica, Ayacucho, Apurímac y Huánuco- se encuentren entre los cinco más pobres del país.
Lamentablemente no podemos retroceder el tiempo, el terrorismo fue un hecho que marco por completo nuestra historia pero concentrémonos en lograr que no vuelva a suceder. La comisión de la Verdad y Reconciliación  logro una investigación donde se pueden comprobar las causas y efectos de esta guerra armada , pero no creo que sea suficiente , todavía queda muchas cosas por aclarar y es nuestro deber seguir trabajando en ello.

Hoy en día los medios de comunicación son más accesibles, en aquella época en las zonas alejadas las personas vivían sin información  y con muchas necesidades ignoradas por el estado, lo que hizo que una gran cantidad apoyara a Sendero Luminoso y otra parte fuera oprimida.  Lo que pudo haber evitado el conflicto hubiera sido una buena comunicación entre el estado y la población donde no exista ningún tipo de incertidumbre, actualmente contamos con la tecnología necesaria para lograr una mayor expansión de los medios y por lo tanto una mejor comunicación.

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