Soledad Morales Villena
soledad.morales19@hotmail.com
Sendero Luminoso (SL), le declaró la guerra al Perú a
inicios de los 90’s, violando convenios internacionales sobre normas de una
guerra interna e irregular por lo que no se le puede considerar a SL como
fuerza beligerante, sino simplemente como bandas o grupos de delincuentes
terroristas, saboteadores, ladrones, extorsionadores y violadores de mujeres,
que no se enfrentaron abiertamente a las fuerzas del orden porque no tenían la
capacidad militar, ni el respetaron a las personas o pueblos que no estaban de
acuerdo con la violencia senderista. Los comunistas de acuerdo a las enseñanzas
de Mark, Lenin, Mao Tsetung y el Pensamiento Gonzalo, quisieron destruir la
sociedad peruana y sus fuerzas militares, para reemplazarla por otra que no
tenga los “vicios o defectos de la actual sociedad”, con el fin de alcanzar
este anhelo, no consideraron el costo de vidas humanas ni el costo de la
infraestructura destruida.
Durante el tiempo de
violencia, el miedo fue el sentimiento más generalizado. El inicial trabajo
persuasivo y de adoctrinamiento de Sendero Luminoso (SL) en las comunidades de
la sierra central del país se transformó rápidamente en una imposición por la
fuerza de sus ideas y su organización. Asesinatos selectivos primero,
ajusticiamientos de autoridades y dirigentes y, posteriormente, asesinatos
colectivos, e incluso contra otras personas con cierta afiliación que serían
acusadas de traición o infidencia, mostraron el rostro terrorista de SL. A
través del miedo el SL busco someter a personas y poblaciones enteras,
mantenerlas bajo su dominio, conseguir su consentimiento. Provocando el miedo,
SL imponía el silencio para evitar las denuncias, así como para impedir que la
gente se comunicara entre si las atrocidades que cometían o para obstaculizar
cualquier organización que pudiera enfrentársele.
Muchos pobladores se
sintieron obligados a actuar en contra de sus valores y su modo de pensar, lo
cual provoco sentimientos de culpa y auto reproche. Para algunos, haber
accedido a los requerimientos de los grupos subversivos solo obedecía al
intenso miedo a las represalias. "Lo escuche al que lo había visto cuando
estaban con ellos, venían acá y nos avisaban, te van a matar, así también si no
lo haces caso para trabajar te va amatar a ti; tuve miedo y empecé a trabajar,
trabajar”. (Testimonio de una mujer de Junín), Eso mostraba el miedo extremo
que se expresó también en una actitud de alerta constante, de vigilancia
permanente.
Aun ahora, varios años
después del conflicto, podemos ver la presencia viva de esos sentimientos
cuando al contacto de cualquier estimulo, una imagen, un sonido, retornan con
fuerza lacerante y la persona revive el peligro. Esta presente de manera
especialmente dolorosa en familias con seres queridos desaparecidos,
injustamente detenidos o torturados y en general permanece incertidumbre y
recelo frente al futuro.
La CVR hizo un buen trabajo
a la hora de salir de la egocéntrica Lima y acercarse a las comunidades
rurales, dice la abogada. “Por primera vez, sus voces eran escuchadas. El
Estado estaba allí, reconociendo los errores, preguntando cómo les podían
ayudar”, explica. Las víctimas se convirtieron en el centro del proceso de
esclarecimiento de la verdad, compartiendo sus experiencias con los
comisionados y ciudadanos que quisieran asistir a las audiencias públicas. La
CVR se tomó este mensaje de igualdad muy en serio: eran los comisionados, no
las víctimas, quienes se levantaban para mostrar respeto antes de que estas
declararan, y todos se sentaban en torno a la misma mesa –nada de atriles ni de
escenarios.
“Los afectados por la violencia
política sienten el trabajo de la CVR y el informe final como algo suyo”. “Con
las recomendaciones ya es más difícil, porque ellos pensaban que se iban a
implementar, que se iba a trabajar por la igualdad, pero eso no se ha cumplido,
y por eso sienten que se los está estafando”.
La mayoría de los ayacuchanos son indígenas y hablan
quechua. Durante el conflicto, los hablantes de lenguas indígenas sufrieron las
consecuencias de forma desproporcionada. De todos los fallecidos durante la
violencia, el 75 por ciento tenía como lengua materna el quechua u otra lengua
indígena. Esta conclusión saca a la luz otra causa fundamental –y más incómoda–
del conflicto armado: el racismo.
El terrorismo en el Perú dio
como resultado la masiva destrucción de la infraestructura productiva y pérdida
de capital social y oportunidades económicas. Los departamentos que lo
sufrieron con mayor intensidad se encuentran hoy en los últimos lugares en los
índices de pobreza y desarrollo humano. No es casualidad que cuatro de los
departamentos más afectados por el conflicto: -Huancavelica, Ayacucho, Apurímac
y Huánuco- se encuentren entre los cinco más pobres del país.
Lamentablemente no podemos
retroceder el tiempo, el terrorismo fue un hecho que marco por completo nuestra
historia pero concentrémonos en lograr que no vuelva a suceder. La comisión de
la Verdad y Reconciliación logro una
investigación donde se pueden comprobar las causas y efectos de esta guerra
armada , pero no creo que sea suficiente , todavía queda muchas cosas por
aclarar y es nuestro deber seguir trabajando en ello.
Hoy en día los medios de
comunicación son más accesibles, en aquella época en las zonas alejadas las
personas vivían sin información y con
muchas necesidades ignoradas por el estado, lo que hizo que una gran cantidad
apoyara a Sendero Luminoso y otra parte fuera oprimida. Lo que pudo haber evitado el conflicto
hubiera sido una buena comunicación entre el estado y la población donde no
exista ningún tipo de incertidumbre, actualmente contamos con la tecnología
necesaria para lograr una mayor expansión de los medios y por lo tanto una
mejor comunicación.
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